"Navidad, ayer y hoy." por Belkis Cima
Sentada en mi hamaca quedé abstraída de la realidad contemplando los movimientos ascendentes y descendentes que son solo una ilusión óptica que producen los juegos de luces del árbol navideño.
Como viajando en ese cambio de colores aparecieron imágenes de otras navidades. Éramos chicos y con mis primos esperábamos todo el año para hacer estrellitas con virulana (lana de acero fina) encendida y el alambre que se guardaba año tras año.
El experto con el alambre y la virulana era mi hermano, habilidoso para quemarse dedos, manos y hasta la espalda. Esa noche contaba con público, los primitos más chiquitos. Atrapado por la destreza del primo mayor, uno se sentó demasiado cerca y una intrépida estrellita se escondió entre la ropa del chiquitín que salió corriendo y llorando igualando a la sirena de la fábrica que anunciaba las 12 de la noche.
Los adultos ante tal escándalo nos quitaron el alambre y se terminó la virulana, al pequeño lo calmaron con pancután y turrón.
Todos sentados a la mesa y se servía el clericó, aquel que no comía frutas siempre algo encontraba o volvía a la fuente del lechón.
Y alguien preguntaba: ¿Quién se queda? ¿Dónde duermo yo? Los colchones aparecían en la cocina- comedor.
Cómo no recordar esos momentos, éramos chicos y todo más simple.
El Niño Dios dejaba bombacha rosa a las niñas y un slip para el varón. Con alegría estrenábamos aquella prenda que sin saber el Niño Dios había acertado con el talle.
"Es el Niño Dios y sabe todo" - nos decía mami y nos conformaba, para nosotros tenía razón.
Hoy la navidad es distinta y los regalos mucho más. La virulana, una anécdota suplantada por la estruendosa y más aún, peligrosa pirotecnia y ni hablar de los invitados, cada vez somos menos y en toda mesa falta alguien. Pero que no decaiga el espíritu navideño y no nos olvidemos del más importante, ese que nunca cambiará y tampoco faltará.
Todos los preparativos comienzan con más de un mes de anticipación para festejar un cumpleaños que ya son más de 2000. El agasajado no pide regalos, ni torta, ni vitel toné, solamente espera que lo recuerdes y le prepares tu corazón para poder renacer.
En esta navidad, entre los preparativos y compras, con tus buenas acciones podés ir sumando pajitas para que la cuna del Niño Dios sea cómoda y calentita, ahí en tu corazón.
¡Felices Fiestas!
Comentarios
Gracias por tan hermoso relato!!
❤️❤️❤️
Me encantó seguir ese hilo que conecta con los,sentimientos de un pasado vivido.
Felicitaciones!!