"Una escuela para todos" por Belkis Cima
Desde muy temprana edad comencé a sentir interés por enseñar a otros aquello que mi conocimiento permitía.
Mi infancia transcurrió en un pueblo pequeño donde todos se conocen y comparten el día a día con sus familiares más cercanos, los vecinos.
Tuve la suerte de ser vecina de Graciela y Peti, las dos mayores de edad con corazón eterno de niñas. Ambas con discapacidad.
Graciela no pudo ir a la escuela del pueblo, según se había dicho no aprendía y con el tiempo los chicos se burlarían.
Peti, nació con síndrome de Down, era la menor de varios hermanos ya mayores, su madre enfermó y ella tampoco fue a la escuela.
Recuerdo que Graciela disfrutaba copiando textos de mis libros de lecturas o los cuentitos que yo le prestaba. Le encantaba escucharme leer y luego me imitaba leyendo las imágenes, a veces agregaba algo que recordaba o simplemente inventaba.
Ella me enseñó a jugar a las cartas, casita robada, chinchón y la escoba de 15. Aprovechando ese conocimiento le enseñé a sumar y restar. Claro ejemplo que aprendemos con otros y de otros. Si estamos dispuestos siempre algo se aprende, con o de quién menos creemos.
Con Peti la experiencia fue más limitada, solamente quería jugar. En la hamaca de mi casa pasábamos mucho tiempo cantando una misma canción para que ella pudiera memorizarla y pronunciar mejor aquellas palabras que se presentaban con alguna complicación.
También ella me enseñó algo, aprendí que el juego une y las diferencias quedan a un lado.
Mis vecinas y compañeras de juego, dos seres maravillosos que me enseñaron a conocer, aceptar y amar al otro tal como es.
Estos recuerdos me ayudan a explicar mi interés por la "Educación Inclusiva". Crecí conociendo el dolor que causa la exclusión por no entrar en los parámetros de la llamada "Normalidad", tener una u otra discapacidad, tonalidad de piel más clara o más oscura o por no contar con suficientes recursos económicos.
En los años que llevo en la docencia viví la inclusión desde los dos laterales, como maestra de grado y como maestra acompañante. Puedo decir que en ambos lados se requiere de una sensibilidad sumamente desarrollada y el sentido de empatía a flor de piel para poder brindarte al otro en su medida. Detrás de un niño con discapacidad hay toda una familia que en la mayoría de los casos recorren largos pasillos tras burocráticos trámites que agotan y desgastan hasta conseguir el cumplimiento de algunos de los derechos que el estado les debe garantizar a sus hijos.
Rescato como reflejo de mis memorias las palabreas de la profesora Luciana del Rosso en su enfoque sociológico de Inclusión:
"La inclusión es sobre todo un fenómeno social, antes que educativo. No es difícil hablar documentadamente de la exclusión social como uno de los problemas más importantes de la sociedad actual... la exclusión social ha existido a lo largo de la humanidad, es posible afirmar que las exclusiones son hoy mayores y, también, con otros relieves."
Belkis Cima

Comentarios
¡ Hace falta la sensibilidad que vos tenés para poder expresarlo así!!
¡¡ Felicitaciones!!!
Muy buen trabajo Belkis