"Felipe, el caracol del barrio"-por Belkis Cima
Felipe, el caracol, sale cada mañana a pasear por su barrio y tomar sol.
Él vive en un barrio tranquilo con vecinos amables y solidarios. Todos son insectos y todos son diferentes.
Los vecinos más cercanos de Felipe, una mariquita, una oruga y un cascarudo, siempre lo ayudan cuando vuelve del mercado y el camino le resulta duro.
Doña cigarra muy coqueta y risueña sentada en su piedra mayor, le alegra las tardes con su divertido repertorio musical que a nadie le cae mal.
Al vivir en un barrio dentro de un jardín, es beneficiario del espectáculo más maravilloso y primaveral, la danza de las mariposas. Las habilidosas mariposas se pasean por la calle "De las Rosas", sin cuidado y todas juntas, por ahí no pasan autos, ni motos, ni camiones, solo algunas hormigas cuando asisten a sus reuniones.
Todos los vecinos conocen a Felipe, el caracol del barrio, respetan su paso lento y su sueño prolongado.
Un día mientras se dirigía por la calle "Las Petunias" dobló en la primera esquina y se durmió al llegar bajo las ramas de una planta de jazmín.
Todos en el barrio estaban preocupados, nadie lo había visto por ningún lado.
La cigarra desde la piedra mayor, usando un tallo fresco como catalejo miraba en todas las direcciones y más lejos.
La tarde ya se iba y aumentaba la preocupación.
Los grillos se agruparon y salieron a todo cric-cric en caravana a buscar entre las hierbas al querido vecino Felipe.
La mariquita lloraba porque decía que Felipe era muy lento y no iba a regresar.
Unas luciérnagas muy organizadas, consolaron a la mariquita y le prometieron iluminar todo el barrio y encontrar al querido don Felipe, el vecino que estaba perdido.
El ciempiés salió apurado a recorrer las calles que iluminaban las luciérnagas.
Se encontró con doña mosca y le preguntó si lo había visto, con sus tantos ojos siempre ve más de una cosa a la vez.
Doña mosca le dijo que pidiera ayuda al escarabajo que anda siempre por abajo.
Ciempiés y escarabajo con la luz de las luciérnagas buscaban por todos lados. De pronto escucharon y siguieron los ronquidos de alguien que estaba plácidamente dormido.
-¡Aquí está!- gritó el escarabajo.
Todas las hormigas enseguida armaron con ramitas y gramilla una cómoda camilla.
Con cuidado lo subieron al vecino Felipe que seguía durmiendo.
Acostumbradas a su trabajo, las hormigas lo cargaron y lo llevaron.
Allá en su casita del barrio, lo esperaba la mariquita que se secaba las lágrimas con pétalos de margaritas.
Lo dejaron en su casita, dormido y tapado con una mantita cerca de la ventanita.
A la mañana siguiente, Felipe despertó asombrado, mirando a todos lados sin saber lo que había pasado.
Belkis Cima
Comentarios
Cada vez más suelta y con mejores ideas!!!
Felicitaciones Bel!!!!!
Bello!! Felicitaciones y gracias por compartir ❤️