"Volvimos a clases" - por Belkis Cima


    Con una carga de grandes emociones volvimos docentes y alumnos a clases. Por supuesto las familias acompañan con muchas ilusiones y responsabilidades compartidas.

     En cada escuela se abren las puertas al nuevo ciclo lectivo con la certeza que todos se llevarán nuevos aprendizajes confiando en las capacidades de cada una de las persona que forman la comunidad educativa. 

      Todos aprendemos de todos y entre todos y he aquí que recordé la siguiente historia:

     Hace nos años atrás, en un segundo grado debía enseñar la división. Si de algo estoy segura es que el algoritmo de la división resulta complejo para niños entre 7 - 8 años. En ese grupo una niña requería más de mi atención, sus tiempos eran diferentes y necesitaba estrategias diferentes para lograr su aprendizaje.

     Un día aparecí al aula con una huevera con 6 cavidades, las pintamos y en uno de los extremos pegamos un cartelito que decía: "Máquina de dividir", funcionaba con porotos.

     Al explicarle el mecanismo para que la niña pudiera identificar dividendo, divisor, cociente y resto, quedó maravillada y enseguida quiso ponerla en acción.

    La niña aprendió a dividir, aún necesitaba de lo concreto para lograr su aprendizaje, poco a poco fue confiando en sus capacidades. 

    Un día para sorpresa de todos sus compañeros y mía, nos dijo:

  -"Creo que ya no necesito la máquina, se puede guardar en el armario para otro chico que no pueda dividir como me pasaba a mí".

    Recuerdo la carita de esa niña al ver que sus compañeros realizaban las divisiones y ella no entendía qué debía hacer. Frustración es lo primero que aparece, luego el desgano.

   También recuerdo el brillito en sus ojos cuando logró dividir con la máquina y todos la felicitaban y el orgullo con que sacaba de su mochila la máquina. En esa carita vi felicidad, satisfacción y por sobre todo confianza en ella misma.

    No hace mucho encontré a aquella niña, hoy convertida en una hermosa jovencita, recordó esa experiencia y me dijo:

  -"¡Cuánta paciencia me tuviste, con cuánto amor me explicabas seño!" 

     En el proceso de aprender las emociones intervienen naturalmente. Para que exista aprendizaje se debe encender el motor de la motivación  que ponga en flow al cerebro. Aquí comienza el proceso de aprender que no viene de lo estático, el cerebro aprende en movimiento, haciendo, deshaciendo y volviendo hacer con otros y entre otros.

    Todos tenemos capacidades para aprender, solo necesitamos sentirnos seguros, una seguridad que te proporciona la guía de alguien que acompaña con paciencia y amor.

                                                                                                    Belkis Cima

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