"Un viaje en el tren de don Goyo" por Belkis Cima

 


   Don Goyo era el maquinista de la vieja locomotora que salía todos los días desde la estación Algarabía hacia los distintos lugares donde lo esperaban sus fieles pasajeros.

   Una mañana don Goyo se sentía cansado, no había dormido bien, un sueño en su cabeza armó una gran revolución. Sobre su gorra de ferroviario apoyó su carita y se durmió tan profundamente que no sintió cuando su tren comenzó a moverse y se cubrió con una IAIA que caía del cielo como una fina llovizna.




   No era lluvia, era IAIA y todos los pasajeros comenzaron a buscar en sus celulares información sobre ese fenómeno maravilloso que había cubierto al tren de don Goyo.

   Una señora, con cara de mamá, dijo haber encontrado en Google que se trataba de una membrana que los ángeles usaban como sábanas en sus siestas.

   Un señor con bigotes y aire de saber mucho dio una explicación un tanto científica que a ninguno de los pasajeros convenció.

   Los niños habían ocupado los asientos de atrás, desde allá leía lo que habían encontrado en San Google, como les decía la seño de tercer grado:

-Acá dice que IAIA es una especie de sueño pintado con ilusión, cargado con mucha esperanza que por senderos de imaginación transporta a todos aquellos que creen en la magia y los pasea por lugares ten reales como los puedan imaginar.

   Todos murmuraban después de lo leído por el pequeño niño y el tren comenzaba a introducirse en un espeso bosque donde las hadas saludaban a los pasajeros y los duendes corrían al paso de la locomotora.



   Desde el más chico al más grande estaban maravillados, todos disfrutaban del paseo menos don Goyo que seguía durmiendo.

   Una abuela, que de imaginación sabía mucho, les dijo a los chicos:

-Si quieren seguir por este bosque, no despierten a don Goyo. Yo sé lo que les digo.

   Los niños la escucharon atentamente y corrieron por el vagón con zapatitos de algodón porque lo que estaban viviendo era extraordinario.

   Por las ventanillas se filtraban aromas dulces de las flores y alegres melodías de la orquesta de las aves. Los vagones y la vieja locomotora se internaban cada vez más por los pintorescos recorridos que describían unas vías armadas con serpentinas.

   Los pasajeros se sentían colmados por una sensación de felicidad y muchas ganas de compartir con el otro la alegría de estar en ese tren que envolvió la IAIA. Con cada buena acción entre esas personas se descubría un poco más de ese lugar donde la magia y todos sus seres mágicos se hacen casi reales en un sueño que alguien con corazón tierno puede soñar.

   De repente la bocina de otro tren despertó a don Goyo y la locomotora frenó de golpe. Los pasajeros cayeron en sus asientos y como si hubiesen dormido en esponjosos colchones, comenzaron a estirarse y abrir grande la boca con bostezos interminables.

   Lo más sorprendente fue ver que todos se hicieron amigos, se saludaban y se acompañaban mientras descendían del viejo tren que, ya despojado de la IAIA, volvía a tomar las mismas vías de todos los días hasta que don Goyo vuelva a tener otro mágico sueño y un raro fenómeno lo vuelva a cubrir para vivir una experiencia sin igual.

                                                                                                         Belkis Cima


  

  


Comentarios

Sonia Zoja dijo…
Tierna y mágica historia, me subiría encantada a ese tren. Felicitaciones Belllll!!!!!
Anónimo dijo…
Hermoso ��
Stella Montecchiari dijo…
Tanto me gustó que no me perdería su próxima partida!!!

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